Por: Mauro Emiliozzi.
El profesor Carlos Manino resultó el candidato más votado, recogiendo un total de 72 votos, sobre los 62 obtenidos por la candidata oficialista, la profesora Beatriz Porcel. Sin embargo, la lista “ganadora” resultó la oficialista, asumiendo el cargo de directora la profesora P
¿Cómo es posible esto? Así planteado parece una paradoja filosófica. Sin embargo hay un dato que obviamos: cada voto docente representa aproximadamente cuatro votos estudiantiles. De este modo, una minoría docente tiene en los hechos el poder de decidir los destinos de una institución pública, que pertenece a todos por igual, pero que fundamentalmente debería pertenecerle a los sectores que quedan al margen de la Universidad, y que ni siquiera pueden disfrutar del esfuerzo de aquellos privilegiados que accedemos a la Educación Superior.
Pero volviendo al ámbito de nuestra Escuela, caben algunas reflexiones.
En primer lugar, el resultado electoral expone un conflicto abierto que el actual oficialismo intenta esconder, pero que permanece latente: la enorme división existente entre los claustros. Es evidente que las políticas aplicadas en los últimos años han causado un hartazgo tal, que hacen que más del 60% de los estudiantes expresen su repudio en las urnas, en consonancia con el repudio expresado por gran parte del movimiento estudiantil en las calles, asambleas, y tomas de Facultades en estos últimos tiempos.
En segundo lugar, el actual sistema de elección de autoridades (hijo de la Ley de Educación Superior menemista) reabre el debate acerca de la democracia y la Universidad. Aquellos que se aferran a este status quo -aunque no lo manifiesten abiertamente- evidentemente piensan en un modelo de sociedad donde unos pocos deciden el destino de las mayorías. Y así estamos.
Los estudiantes podemos desconocer el mejor modo de aplicar los contendidos de una materia, y evidentemente carecemos de la experiencia suficiente como para unilateralmente diagramar una política académica integral, acorde a nuestras propias necesidades, a las de la institución y a las del país. Sin embargo, a la hora de elegir el rumbo por el cual esas políticas de
Saludable en este sentido sería recordar las palabras de Ernesto “Che” Guevara: “Estudiante se empieza, y así se sigue toda la vida”. El proceso de enseñanza/aprendizaje, entendido en su faceta de proceso social, es eminentemente dialéctico, y por ende implica el reconocimiento mutuo de los sujetos que participan de él.
Cuando emprendemos un rumbo hacia el cambio de determinadas estructuras nos enfrentamos a avances y retrocesos. Precisamente en esa circunstancia se muestra aquella otra faceta inconmensurable de la realidad, revelándonos que lejos de la actitud de resignación, nos queda la espera activa para lo que indefectiblemente acontecerá.
