La decisión del gobierno venezolano de estatizar tres empresas pertenecientes al grupo Techint no es antojadiza. Dichas empresas están directamente vinculadas a la industria petrolera, principal motor de la economía en Venezuela. Por eso la medida resulta tan estratégica como indiscutible, desde el punto de vista
de la sagrada autodeterminación del país hermano. Sin embargo, ha causado polvareda en amplios sectores del establishment político, económico y mediático en nuestro país.
Aunque los capitales de Techint son de origen italiano, y su sede administrativa se sitúa en Luxemburgo, el holding empresarial es considerado como “argentino”. Por eso el establishment local salió a reclamarle al gobierno “intervención” en el caso (¿no era que la mano invisible del mercado ordena todo?).
Sin embargo, la intervención de la administración Kirchner, ya fue lo suficientemente generosa en su momento. Según versiones periodísticas, tras gestiones del gobierno argentino, Venezuela habría hecho efectivo el pago de casi U$S 2.000 millones a Techint por otra nacionalización efectuada en Abril de este año, a pesar de que el plazo para cancelar dicha deuda vence en Octubre de 2010. El dinero cobrado por la empresa “argentina” estaría bien resguardado, claro, en un banco de Londres.
El líder de
La derecha tradicional, desde Carrió a De Narváez salió en coro a posicionarse contra el gobierno, tratando de instalar la idea de que Argentina marcha hacia un “modelo chavista”. Muy lejos de la realidad, cabe anticipar, tanto para quienes observamos con entusiasmo el proceso venezolano como para quienes lo denostan. Es que en estos seis años, no se han dado pasos efectivos en el camino de recuperar para el Estado -y a través de este, para el conjunto de los argentinos- los motores básicos para un potencial modelo industrial (básicamente los recursos naturales como el petróleo, el gas, la minería, el agua y la tierra). Por el contrario, la entrega de esos recursos a las multinacionales se ha profundizado.
Mientras tanto, la “izquierda kirchnerista”, saca a relucir nuevamente su voluntarismo de Estado. “Nacionalización” es una palabra virtuosa a la hora de definir un “proyecto nacional y popular” como el que “encarna” Kirchner (la palabra “encarna” de tan repetida se vuelve ya hasta chistosa). De ese modo, aplauden en Venezuela lo que no se animan a exigir en Argentina.
